Estabilización del mercado RAN antes del 6G
- El mercado global de RAN se está estabilizando tras el pico de inversión en 5G y una caída cercana a los 10.000 millones de dólares en ingresos durante 2023–2024.
- Dell’Oro prevé un crecimiento moderado: 1% de CAGR en ingresos de RAN a cinco años, con LTE a la baja compensando 5G y la inversión temprana en 6G.
- El gasto en RAN seguirá contenido en el corto plazo y repuntaría gradualmente hacia el final de la década, conforme se acerque el ciclo de capex de 6G.
Glosario rápido: CAGR se refiere a la tasa de crecimiento anual compuesta; capex al gasto de capital (inversión) de los operadores.
– RAN se mantendría en torno a 20%–25% del capex inalámbrico total, con operadores priorizando eficiencia y disciplina de capital.
Ajuste del mercado RAN tras el pico de 5G
Tras el máximo de inversión asociado al despliegue de 5G, el mercado de redes de acceso radio (RAN, por sus siglas en inglés) entró en una fase de ajuste marcada por dos años especialmente duros. Dell’Oro Group sitúa el punto de inflexión en 2023–2024. La lectura de la firma es clara: el “boom” de 5G no se tradujo en una trayectoria sostenida de crecimiento, sino en un ciclo de inversión que, una vez maduro, dio paso a una contención del gasto.
La estabilización que ahora describe Dell’Oro no implica un regreso inmediato a tasas elevadas, sino un “aterrizaje” del mercado en niveles más previsibles. En ausencia de catalizadores de corto plazo —como nuevas olas de espectro o un salto abrupto en demanda de capacidad— el gasto en RAN se mantendría moderado. La propia naturaleza del mercado, subraya la consultora, es cíclica: los operadores ajustan inversión según disponibilidad de espectro, ciclos tecnológicos y necesidades de capacidad. Cuando esos tres factores no se alinean para empujar una expansión, el resultado es un periodo de disciplina.
En ese contexto, la estabilización es tanto un fenómeno de demanda como de estrategia financiera. Dell’Oro plantea un escenario base de ingresos y tendencias de capex “ampliamente estables”, acompañado de una mejora en las métricas de intensidad de capital antes de un futuro ciclo de inversión en 6G. Dicho de otro modo: el sector busca hacer más con lo ya desplegado, optimizando la red y el retorno del capital invertido, mientras espera el siguiente gran cambio tecnológico.
La cautela no es exclusiva de una sola fuente. Ericsson, por ejemplo, ha señalado que espera que el mercado global de RAN permanezca plano en 2026, prolongando la desaceleración conforme los operadores limitan el gasto en red. Esa coincidencia de diagnósticos refuerza la idea de que el “nuevo normal” de RAN, al menos en la parte media de la década, será la estabilidad con crecimiento limitado, más que una expansión acelerada.
Proyecciones de ingresos para el mercado RAN
Dell’Oro proyecta un crecimiento moderado de los ingresos mundiales de RAN durante los próximos cinco años. La cifra, por sí sola, define el tono del periodo: no se trata de un mercado en contracción permanente, pero tampoco de uno con un motor de crecimiento robusto. El pronóstico se apoya en un equilibrio de fuerzas: por un lado, la caída del gasto e ingresos vinculados a LTE; por otro, la continuidad de despliegues 5G y la aparición de actividad temprana relacionada con 6G.
El elemento que más pesa en la moderación es el “arrastre” de LTE. A medida que los operadores completan modernizaciones y migran su foco hacia 5G, el componente LTE pierde tracción y compensa parte de lo que aún se invierte en 5G. En paralelo, 5G sigue desplegándose, pero ya no con la intensidad del pico: la fase de expansión masiva deja paso a una etapa de optimización, densificación selectiva y mejoras de eficiencia, más que a un crecimiento lineal del gasto.
La variable que introduce expectativa —sin convertirse todavía en un impulsor inmediato— es 6G. Dell’Oro anticipa que el capex asociado a 6G se incrementará gradualmente hacia el final de la década, y que ingresos “significativos” vinculados a 6G podrían emerger alrededor de 2030. Esa ventana temporal es relevante: sugiere que, durante la mayor parte del horizonte de cinco años, 6G actuará más como señal de confianza y planificación que como fuente material de ingresos.
Stefan Pongratz, vicepresidente de investigación de mercado RAN en Dell’Oro, sintetizó el momento con una advertencia y una apuesta: los últimos años fueron “extremadamente desafiantes”, pero la creciente confianza en 6G sostiene la visión de que habrá una contribución relevante hacia 2030. Al mismo tiempo, reconoció que los riesgos siguen presentes y se inclinan ligeramente a la baja, en parte por el menor crecimiento del tráfico de datos.
En términos prácticos, un CAGR de 1% implica que el mercado se moverá en una banda estrecha: pequeñas variaciones por región, por calendario de espectro y por decisiones de inversión de los grandes operadores pueden inclinar el resultado anual hacia arriba o hacia abajo, sin cambiar el cuadro general. La conclusión de Dell’Oro es consistente con su tesis central: RAN no es un mercado de crecimiento estructural; es un mercado de ciclos.
Participación de RAN en el capex inalámbrico
Uno de los indicadores más útiles para entender el momento del mercado es el peso de RAN dentro del capex inalámbrico total. Dell’Oro estima que, durante el periodo de pronóstico, RAN representará aproximadamente una quinta parte del capex inalámbrico. Ese rango sugiere continuidad: no se espera que RAN “se coma” una porción mayor del presupuesto, pero tampoco que pierda relevancia de forma abrupta.
La lectura detrás del porcentaje es estratégica. Los operadores, tras el pico de 5G, están priorizando eficiencia y mejoras en intensidad de capital. En la práctica, eso se traduce en decisiones de inversión más selectivas: se invierte donde hay necesidad clara de capacidad, cobertura o modernización tecnológica, y se posponen expansiones que no tengan un caso de negocio inmediato. En un entorno así, mantener RAN en 20%–25% es una señal de disciplina: el acceso radio sigue siendo esencial, pero compite con otras prioridades dentro del gasto inalámbrico.
Dell’Oro también enmarca esta disciplina como preparación para el siguiente ciclo. Si el sector espera un repunte gradual del capex hacia el final de la década por 6G, tiene sentido que en los años previos busque “ordenar la casa”: estabilizar presupuestos, mejorar ratios de capital y extraer más valor de la infraestructura existente. La estabilización del mercado RAN, por tanto, no es solo un resultado de menor presión de demanda; es una decisión de asignación de capital.
Este enfoque ayuda a explicar por qué el mercado puede permanecer “subdued” (contenido) sin colapsar. Incluso con crecimiento limitado, el mantenimiento, la evolución de 5G y la preparación tecnológica para 6G sostienen un nivel de inversión constante. Además, el hecho de que el mercado sea cíclico —dependiente de espectro, tecnología y capacidad— implica que el peso de RAN puede mantenerse estable aun cuando cambie la composición interna del gasto (menos LTE, más 5G, y luego 6G).
En suma, el rango 20%–25% funciona como una especie de barómetro: indica que el sector no está en modo expansión agresiva, pero tampoco en retirada. Está, más bien, en una fase de optimización y espera activa, con la vista puesta en el siguiente salto tecnológico.
Impacto de Massive MIMO y beamforming en 6G
Dell’Oro coloca a Massive MIMO y beamforming como tecnologías “pivotal” para desplegar 6G en el rango de 6 GHz+ (por encima de 6 GHz), aprovechando la cuadrícula macro existente. La afirmación es importante por dos motivos: primero, porque sugiere continuidad tecnológica con lo aprendido en 5G; segundo, porque apunta a una estrategia de despliegue que no parte de cero, sino que reutiliza infraestructura macro como base.
Massive MIMO, en términos de mercado, no es solo una característica técnica: es un componente que puede influir en el mix de inversión dentro de RAN. Si 6G se apoya en bandas más altas (6 GHz+), la propagación y el comportamiento radioeléctrico exigen técnicas avanzadas para dirigir energía y mejorar la eficiencia espectral. Ahí entra el beamforming, que permite concentrar la señal hacia el usuario o zona de interés, elevando capacidad y calidad percibida sin depender únicamente de más sitios.
El énfasis de Dell’Oro en “leveraging the existing macro grid” (aprovechar la red macro existente) también es una señal de pragmatismo económico. En un entorno donde los operadores buscan mejorar intensidad de capital, la promesa de una evolución que reutilice parte importante del despliegue actual es más compatible con presupuestos disciplinados. No significa que no haya inversión nueva; significa que la arquitectura de despliegue podría priorizar actualizaciones y capacidades avanzadas sobre una expansión indiscriminada de infraestructura.
En paralelo, Pongratz añadió un elemento de arquitectura de red: “Open FH” (Open Fronthaul) probablemente se desplegará a escala con 6G, aunque el multi-vendor RAN seguiría siendo marginal (“in the noise”). La frase sugiere una distinción: puede haber adopción de interfaces abiertas en fronthaul como parte de la evolución tecnológica, sin que eso implique necesariamente un mercado masivo de RAN multivendedor en el sentido más amplio. Para el ecosistema, esto importa porque delimita dónde podría haber estandarización e interoperabilidad a gran escala y dónde, en cambio, el mercado podría seguir dominado por integraciones más cerradas o por dinámicas de proveedor principal.
En conjunto, Massive MIMO, beamforming y la posible adopción a escala de Open FH dibujan un 6G que, al menos en la visión de Dell’Oro, se apoyará en técnicas avanzadas para operar en frecuencias más altas, con una estrategia de despliegue que busca eficiencia y continuidad con la red macro. Es una combinación coherente con el diagnóstico general: crecimiento moderado hoy, preparación tecnológica ahora, y un ciclo de inversión más visible hacia el final de la década.
Expectativas de inversión en 6G
La expectativa central de Dell’Oro es que el gasto en RAN permanecerá contenido hasta que el capex relacionado con 6G comience a aumentar gradualmente hacia el final de la década. En otras palabras, 6G aparece como el próximo gran “evento” de inversión, pero con un calendario que todavía deja varios años de estabilidad y disciplina presupuestaria.
El reporte también introduce un hito temporal: la posibilidad de que ingresos significativos asociados a 6G emerjan hacia 2030. Ese punto funciona como referencia para el mercado, porque sugiere que la fase previa —la segunda mitad de la década— será de preparación, pruebas, decisiones de arquitectura y, sobre todo, planificación de capital. La inversión no se enciende de golpe; se “rampa” gradualmente, y Dell’Oro anticipa precisamente ese comportamiento.
La razón de fondo es que el mercado RAN responde a ciclos. Cuando hay nuevo espectro, una nueva generación tecnológica y una demanda clara de capacidad, el gasto sube. Cuando esos factores se estabilizan, el gasto se modera. En 5G, el pico ya pasó; en 6G, el pico aún no llega. Entre ambos, el sector se mueve en un corredor de inversión prudente.
Además, Dell’Oro subraya que los operadores están enfocados en mejorar ratios de intensidad de capital antes del próximo ciclo. Esa frase es clave: implica que, incluso si 6G genera entusiasmo tecnológico, la inversión estará condicionada por la salud financiera y por la presión de eficiencia. La industria no parece dispuesta a repetir un ciclo de gasto sin control; más bien, busca llegar a 6G con una base de costos y una estrategia de despliegue que maximice el retorno.
En este punto, el comentario de Ericsson sobre un mercado RAN plano en 2026 encaja como señal de continuidad: si 2026 se perfila sin crecimiento, y Dell’Oro no ve grandes impulsores inmediatos, el “puente” hacia 6G se construye con contención. Eso no elimina la innovación; la desplaza hacia fases tempranas y hacia decisiones tecnológicas que preparen el terreno.
En síntesis, la expectativa de inversión en 6G, según Dell’Oro, es real pero diferida: el mercado no se reactivará de forma significativa hasta acercarse el final de la década, con 2030 como referencia para ver ingresos más materiales. Hasta entonces, el foco seguirá en sostener 5G, gestionar la caída de LTE y mantener la disciplina de capital.
Desafíos en el crecimiento del tráfico de datos
Entre los riesgos que Dell’Oro identifica para el mercado RAN, uno destaca por su impacto transversal: el crecimiento más lento del tráfico de datos. Stefan Pongratz señaló que los riesgos “siguen sesgados ligeramente a la baja” debido, precisamente, a esa desaceleración. La relación es directa: si el tráfico no crece al ritmo esperado, la urgencia por ampliar capacidad disminuye, y con ella se reduce el incentivo para acelerar inversiones en RAN.
Este desafío es especialmente relevante en una industria donde el gasto en acceso radio suele justificarse por necesidades de capacidad y experiencia de usuario. Cuando el tráfico crece rápido, la red se acerca antes a límites de congestión y se vuelve necesario invertir en más espectro, más sitios, nuevas radios o técnicas avanzadas. Si el tráfico crece más lentamente, los operadores pueden estirar la vida útil de la infraestructura existente, priorizar optimizaciones y posponer expansiones.
Dell’Oro, al describir RAN como un mercado no estructuralmente creciente, refuerza la idea de que el tráfico es uno de los principales “gatillos” del ciclo. Sin un aumento fuerte de demanda, el mercado se apoya más en reemplazos tecnológicos y en la disponibilidad de espectro que en expansiones por capacidad. En el periodo posterior al pico de 5G, esa dinámica se vuelve evidente: el sector entra en modo eficiencia.
El crecimiento más lento del tráfico también interactúa con la narrativa de 6G. Por un lado, puede retrasar decisiones de inversión: si 5G satisface la demanda actual y el tráfico no presiona, el caso de negocio para adelantar 6G se debilita. Por otro, puede elevar la exigencia de que 6G llegue con mejoras claras de eficiencia y con una propuesta que no dependa únicamente de “más velocidad”, sino de mejores costos por bit y mejor utilización de la infraestructura macro, algo que Dell’Oro sugiere al destacar Massive MIMO y beamforming en 6 GHz+.
En este escenario, la estabilización del mercado RAN no es solo consecuencia de un ciclo tecnológico; es también reflejo de una demanda que no obliga a acelerar. La industria, entonces, se mueve con cautela: mantiene despliegues 5G donde son necesarios, absorbe la caída de LTE y prepara el terreno para 6G, pero sin un detonante de tráfico que justifique un salto inmediato de inversión.
Perspectivas regionales del mercado RAN
Dell’Oro observa que el desempeño del mercado RAN no es uniforme por región. En su análisis, el crecimiento en Europa y en Medio Oriente y África ha llegado a compensar, en gran medida, las caídas en América Latina y Asia Pacífico. Esta divergencia regional es consistente con la naturaleza cíclica del mercado: los calendarios de despliegue, la disponibilidad de espectro y las condiciones económicas varían, y con ello varía el ritmo de inversión.
La implicación es que la estabilización global puede esconder movimientos internos. Mientras algunas regiones sostienen o incrementan inversión —por ejemplo, por fases específicas de despliegue 5G o por necesidades de modernización— otras atraviesan periodos de ajuste. Para proveedores y operadores, esto cambia la conversación: el “mercado global” puede estar plano, pero la competencia y las oportunidades se desplazan geográficamente.
Dell’Oro también apunta al papel de China y a la evolución fuera de China. China sigue siendo un actor significativo en el mercado global de RAN, especialmente por su escala en despliegues 5G y por su influencia en la dinámica de inversión. Al mismo tiempo, se reporta que el mercado fuera de China mostró señales de recuperación, con ingresos globales de RAN al alza durante tres trimestres consecutivos hacia mediados de 2025. Sin entrar en cifras adicionales, el dato sugiere que la estabilización no es solo un “piso” tras la caída, sino que puede incluir periodos de mejora secuencial.
Estas diferencias regionales también ayudan a entender por qué el pronóstico de crecimiento es tan moderado. Si algunas regiones crecen mientras otras caen, el resultado neto tiende a la estabilidad. Además, la transición hacia 6G probablemente seguirá patrones regionales: no todos los mercados adoptan nuevas generaciones al mismo tiempo ni con la misma intensidad. La rampa de capex hacia el final de la década podría iniciar antes en regiones con mayor presión competitiva o con calendarios de espectro más favorables, y más tarde en mercados donde la disciplina de capital sea más estricta.
En suma, la perspectiva regional que ofrece Dell’Oro refuerza la idea de un mercado RAN estabilizado, pero no homogéneo: la estabilidad global se construye a partir de compensaciones entre regiones, con China como pieza clave y con señales de recuperación fuera de China en el periodo reciente.
Riesgos asociados al desarrollo de 6G
Dell’Oro plantea un escenario donde 6G sostiene la confianza de mediano plazo, pero no elimina los riesgos. De hecho, Stefan Pongratz fue explícito: los riesgos permanecen “en ambos lados” y siguen inclinados ligeramente a la baja por el menor crecimiento del tráfico de datos. Esa advertencia es relevante porque sitúa el desarrollo de 6G no solo como un reto tecnológico, sino como una apuesta condicionada por variables de mercado.
Un primer riesgo es el calendario real de inversión. Aunque la tecnología pueda avanzar y la industria hable de 6G con mayor convicción, el capex depende de prioridades de los operadores y de su disciplina financiera. Dell’Oro anticipa una rampa gradual hacia el final de la década; el riesgo es que esa rampa sea más lenta si no aparece una necesidad clara de capacidad o si las condiciones económicas y de inversión se endurecen.
Un segundo riesgo es la ausencia de impulsores de crecimiento en el corto plazo para RAN. El reporte señala que no hay grandes motores inmediatos, lo que mantiene el gasto contenido. En ese contexto, 6G podría convertirse en una promesa que tarda en materializarse en ingresos, especialmente si el mercado sigue priorizando optimización de 5G y contención de costos.
Un tercer riesgo, implícito en la discusión sobre Open FH y multi-vendor RAN, es la complejidad de la transición tecnológica. Dell’Oro sugiere que Open Fronthaul podría desplegarse a escala con 6G, pero que el RAN multivendedor seguiría siendo marginal. Esa combinación puede reflejar tensiones típicas de la industria: apertura e interoperabilidad avanzan en ciertos puntos de la arquitectura, mientras que la integración completa entre múltiples proveedores no necesariamente despega. Para el ecosistema, esto puede afectar la velocidad de adopción, los modelos de compra y la estructura competitiva.
Finalmente, el propio carácter cíclico del mercado es un riesgo en sí mismo: si 6G no coincide con una ventana de espectro atractiva o con una demanda de capacidad suficientemente fuerte, el ciclo podría retrasarse o ser menos intenso. Dell’Oro no plantea un colapso, pero sí un horizonte donde el crecimiento es limitado y donde la materialización de 6G como motor de ingresos depende de que el mercado encuentre razones claras para invertir.
Conclusiones
Perspectivas de crecimiento en el mercado RAN
El panorama que dibuja Dell’Oro es el de un mercado que deja atrás el ajuste más severo posterior al pico de 5G y entra en una fase de estabilización. Ese cambio de ciclo marca el costo del ajuste, pero el pronóstico a cinco años sugiere que el mercado encuentra un nuevo equilibrio: LTE cae, 5G sostiene, y 6G empieza a asomar como expectativa más que como realidad inmediata.
En ese equilibrio, la disciplina de capital es el hilo conductor. Mantener RAN en torno a 20%–25% del capex inalámbrico refleja que el acceso radio sigue siendo central, pero bajo una lógica de eficiencia. La estabilización, por tanto, no es un “rebote” automático: es una normalización del gasto, con variaciones regionales y con señales de recuperación fuera de China en el periodo reciente.
Desafíos en la transición hacia 6G
La transición hacia 6G aparece como el próximo gran ciclo, pero con condiciones. Dell’Oro anticipa una rampa gradual de capex hacia el final de la década y la posibilidad de ingresos significativos alrededor de 2030. Para que eso ocurra, el mercado deberá navegar riesgos que hoy ya pesan: el crecimiento más lento del tráfico de datos, la ausencia de impulsores inmediatos y la necesidad de sostener la disciplina financiera.
En lo tecnológico, el énfasis en Massive MIMO y beamforming para 6 GHz+ y el posible despliegue a escala de Open Fronthaul apuntan a un 6G que buscará eficiencia y reutilización de la red macro. El reto será convertir esa hoja de ruta en decisiones de inversión concretas en un entorno donde el gasto no se dispara por inercia, sino que se justifica con demanda, espectro y retornos claros.
Nota de fuentes y alcance: Este artículo resume y contextualiza el pronóstico y declaraciones atribuidas a Dell’Oro Group (incluyendo comentarios de Stefan Pongratz) tal como fueron reportadas por RCR Wireless News, y menciona la referencia pública de Ericsson citada en esa cobertura. Las cifras y horizontes (por ejemplo, caída cercana a US$10.000 millones en 2023–2024, 1% CAGR a cinco años, 20%–25% del capex inalámbrico y la ventana hacia 2030) corresponden a ese material.


